Planos de la realidad
de ida y vuelta hacia los espíritus
En el camino, por el que llegamos hoy, a ser, personas contextualizadas en: siglo, años, meses, semanas, días, minutos, lugares, familias, extraños, culturas, e historia, se hace de lado un panorama, exquisito de lo que ha pasado. Es un deleite, descender de pueblos indígenas, porque mientras más los reivindiquemos, más nos arraigamos en elementos que fortalecen nuestra identidad. Y lidiar con la pregunta ¿quien soy? culturalmente nos reviste de un referente, cuya variedad demuestra, otro plano de la realidad.
A menudo, nos exhiben un imaginario crudo, donde ser o reconocerse indígena es tildado, porque por los motivos de los procesos de colonización, esclavitud e imperialismo, se hace ver al indígena, como un ser débil, dependiente, "raro", inmoral, rudimentario, "salvaje", "muerto", obsoleto, entre otras caracterizaciones denigrantes. Pero, esa es una perspectiva foránea, y como tal desconoce y rechaza, la cosmovisión con la que se desenvuelven los indígenas, hablase de Cabecares, Chorotegas, Bribrís, Bruncas, Guaymies, Huetares, Malekus, y Teribes, por ejemplo en Costa Rica.
Acercarse, a sus culturas, nos permite aprender, principios de interacción con la naturaleza, técnicas para expresar arte simbólico al grupo, destrezas laborales, arquitectónicas, médicas, textiles, orfebres, metalúrgicas, entre otras, que nos sorprenden, porque ignoramos y subestimamos con nuestro bajo perfil de consciencia, su acervo de conocimientos. El encuentro, no suscita afiliarnos exclusivamente a su esquema de vida, sino, que fomenta el estímulo de sacar nuestras propias conclusiones, al permitirnos, y atrevernos a participar de las interacciones, con esta familia, que nos antecede, cuya experiencia, va más allá de la lógica, del modelo con el que nos enseñaron a asumir el entorno, las situaciones, las personas, las actitudes, así como las acciones.
El patrón cultural, del que nos hemos instruido, no necesariamente, es eficiente a la contemplación de valores, que cumplan el fortalecimiento de nuestra percepción de los derechos y la ética, que debemos vivir para, hacia y desde, nuestra multiculturalidad. Debido a aspectos, como lo cerrado que es operar sobre la expresión cultural, y su pluriculturalidad, ya que muchas veces la idea es homogeneizarlo todo, en una mala propuesta de igualdad, bajo el interés comercial.
Para ser concluyentes, en mi percepción, el problema va de la mano del ir-respeto a la diversidad tanto espiritual, como cultural y científica. En relación a que se debate, sentido de fe, y razón frente a la espiritualidad precolombina, mismas que delinean trazos de ingenuidad en la creencia indígena. No obstante, aquí no debería de verse una competencia, ya que si los indígenas aseveran espiritualidad en rasgos animales, como la rana y la fertilidad, consecuente con la otra explicación, que atañe al proceso de invierno, la figura del lagarto, para el Chaman, al verlo en dos planos de la realidad; agua y tierra, el águila, en aire y tierra, ávida para la pesca y majestuosa en visión, el zopilote, transportador de almas, el jaguar con la sutileza del guerrero, entre otros, es su forma de explicarse los procesos de la vida, de su éxtasis espiritual. Y como forma de vivir, no se debe de relegar de nuestra, identidad, por eso la vida se considera un viajar; estás, vas y vienes, hasta que un día no tendrás más noche.

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