lo que la vida insiste en hacerte ver,
lamento que pese más la hoja que ya el viento arrancó,
porque justo hoy, reto a la flor en el alcohol que le cambio el aroma
y su color,
no quiero guardar esas huellas que son algo gris,
porque solo acabando los indicios
podría sobrevivir
aquí,
para mí.
Es preciso desteñir mi voz,
ensuciar la luz de la sonrisa,
encadenar el cabello con una cinta,
disfrazar a mi espalda tal cual una valija,
porque sencillamente es hora de ser yo.
Y correr sin idea a donde llegar, ni cuando regresar,
empezar a ser egoísta,
al buscar una bicicleta y atropellar a la niebla que oculta al sol,
para entender que existimos entre las flechas de lo que nunca importó.
Sentir que no estoy hablando sola,
dejar de insistir
para irme sin sollozo ni vacío
por desprenderme, de a lo que nunca pertenecí,
renunciar a mil guerras soportar,
simplemente lanzarme a la borda
y abandonar la baranda que inunda
mi furia.

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